Imagen que representa las dos caras del Síndrome del Impostor

Lo paradójico de los profesionales que sufren este síndrome es que les suele acompañar un reconocido historial de ÉXITOS, a pesar de que ese éxito les hace sentirse  como farsantes, y en consecuencia,

“se esfuerzan hasta el límite para evitar un posible fracaso que pueda delatarles

persona con sindrome de impostor estresada ante un posible fracaso

Quienes sufren de este síndrome son perfiles fácilmente identificables dentro de las empresas, ya que su patrón de comportamiento se basa en una continua generación de dudas respecto a su propia habilidad para acometer una tarea encomendada, una aversión tremenda al fracaso y por generar bajas expectativas respecto a los resultados de  su desempeño.

El Síndrome del Impostor se podría concretar como el sentimiento profundo de:

“falta de autenticidad con respecto a la autoimagen de competencia profesional

y la permanente creencia de que están siendo sobrevalorados por los demás.

Síntomas:

  • No se creen merecedores del éxito que obtienen, ya que consideran que han logrado las cosas por casualidad o por error, más que por su propia capacidad.
  • Temen que los demás puedan “descubrir” que no son tan inteligentes como parecen. Y aunque el éxito se repita no debilita su sentimiento de temor.
  • Niegan la evidencia externa de su destreza y desacreditan las valoraciones positivas del entorno.
  • El sentimiento de duda acerca de su capacidad profesional es perenne.

Es por ello que sufren grandes niveles de frustración por considerar internamente que no pueden cumplir con los estándares de éxito que se ha autoimpuesto.

Imagen que representa las dos caras del Síndrome del Impostor

Fotografía de: Mateusz Strelau

Consecuencias:

  • Angustia hasta la finalización de la tarea y ansiedad generalizada
  • Incapacidad para delegar por falta de confianza en sí mismo/a
  • Baja autoestima que conlleva en muchas ocasiones a la depresión

Cómo aprovechar un perfil con síndrome de impostor en la empresa

A partir de ahora, no sé si para bien o para mal, comenzarás a observar con vocación analítica a las personas que forman parte de tu entorno profesional.

Y lo harás desde dos puntos de vista: como Jefe o como empleado, y en ambos registros podrás obtener conclusiones:

Como Jefe

Se pueden dar dos escenarios:

1.- Que dispongas de perfiles con el síndrome del impostor en la empresa, y analices su historial de logros profesionales. Probablemente te sorprenderá ver, que tienes un tesoro escondido, una joya por pulir entre tus empleados y empezarás a tomar en consideración cómo puedes optimizar su contribución al puesto:

  • Garantía de trabajo bien hecho
  • Sumisión hacia los retos que le hayan sido propuestos
  • Preparación excelente para afrontar el nuevo desafío
  • Dedicación en cuerpo y alma,

2.- No localizas ningún perfil con este síndrome entre tus trabajadores y te interesa contratarlo/a para según qué puestos o tareas, sabiendo que es una apuesta por lo seguro y que el éxito está garantizado, ya que guardará absoluto celo por la consecución de los objetivos propuestos, debido a su alto nivel de autoexigencia.

observar comportamiento de personas

Como empleado:

Se da un sólo escenario:

1.- El jefe/líder/superior adolece del síndrome del impostor, eso implicaría estar ante una dirección poco flexible, temerosa de que sus empleados/subordinados descubran que,

“su máximo responsable no tiene la capacidad suficiente como para dirigir la empresa”.

Este tipo de dirección es de los que dedican prácticamente su existencia vital a supervisar todos los pormenores de la empresa, no sabrá delegar, no confiará salvo en su propia información y conclusiones, recelará de las opiniones de los demás, sobre todo de las positivas, exigirá que el resto de personas de la empresa aplique la misma dedicación que él mismo pone en sus tareas, y valorará positivamente que destines parte de tu tiempo de ocio al trabajo.

En resumen, es una dirección difícil al  principio, pero una vez identificado, y sabiendo de dónde viene su temor, es fácil sobrellevarlo.

En el fondo, es un jefe que en los demás inspira seguridad y confianza por su nivel de autoexigencia en obtener los objetivos. Eso sí, la intensidad laboral que le exigirá a los empleados será proporcional a la que emplee hacia sí mismo.

¿Sabes cómo el Social Selling puede ayudarte a generar oportunidades de venta entre tus clientes con Síndrome del Impostor?

Puedes sacar el máximo partido de tus empleados con Síndrome del Impostor utilizando una buena herramienta de gestión de recursos humanos, ¿sabes cómo?

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